Después de casi cinco años de dedicación a la banca de inversión decidí hacer mis prácticas de verano en BCG. Al tomar la decisión me basé principalmente en tres factores.
En primer lugar, quería un entorno de trabajo que me motivara y que no se tratara de una dedicación repetitiva. En segundo lugar, necesitaba tener un contacto más directo con los clientes. A diferencia de la banca de inversión, en la que el contacto con los clientes es más irregular, la consultoría te ofrece la oportunidad de profundizar y comprometerte con los clientes durante periodos de tiempo más amplios, por ejemplo al ayudar al cliente a determinar su siguiente movimiento estratégico y ayudarle en la implantación. En tercer lugar, yo quería tener una oportunidad mayor para diseñar mi propio futuro. De la gente de BCG que conocí durante el primer año de MBA aprendí que en BCG no existe un camino preestablecido hacia éxito, sino que cada uno traza su propia trayectoria. Me gustaba la idea de moldear mi crecimiento personal sobre la base de un amplio número de opciones entre sectores, temas empresariales y áreas geográficas.
El periodo de prácticas resultó ser todo lo que esperaba. Me asignaron a dos proyectos. El primero fue un puro caso de estrategia: seis semanas de intenso trabajo enfocado en rediseñar una estrategia de gestión de activos de una empresa. Participé en un equipo con dos consultores bajo la supervisión de un Principal y un Partner. Desde el primer día, fui responsable de mi propio módulo: entrevisté a expertos de BCG, hice los análisis y diseñé estructuras detalladas que me permitieran mostrar mis conclusiones. El segundo caso, en el que trabajé como miembro de un equipo de integración tras la fusión, tenía unos objetivos muy diferentes. En cuatro semanas, tuve que entender cuestiones operativas complejas, perfeccionar recomendaciones y viajar a Asia para obtener la aceptación de los clientes. En conclusión, fue un verano muy emocionante y recomiendo la experiencia. Cada día resultó ser diferente.